Una figura importante en el drama de las primeras décadas del
siglo 20 es el teórico, director, actor y dramaturgo Jacques Copeau. Considerado
como uno de los padres del teatro francés del siglo XX, fundó lo que se
convertiría en uno de los teatros más importantes hasta nuestros días: El Vieux
Colombier. Para este teatro Copeau había diseñado un espacio con un escenario
fijo, donde la puesta en escena contaba solo con cortinas e iluminación, además
de un proscenio que permitía la cercanía con la audiencia. Contrario a la
usanza de la época, este era un teatro libre de maquinarias, funcional y
versátil, pero sin ser recargado. Al parecer buscaba un teatro de simple
concepción, armonioso e inspirado tanto en los teatros isabelinos como en las
experiencias y correspondencia con Gordon Craig, Adolphe Appia y Constantino
Stanislavski.
La relevancia de este teatro fue mucho más allá de su diseño estructura.
Igual de novedoso resultó el encargarse de formar un conjunto de actores organizados
y entrenados. El objetivo de Copeau, en parte, era la armonía del trabajo en
grupo, con lo que pondría en práctica sus teorías sobre la reforma de la
práctica del teatro. Para lograr esta tarea, Copeau creyó que actor,
dramaturgo, actor, director e incluso el espacio teatral requieren de trabajo
en conjunto para así, como parte de una unidad, capturar la integridad
intelectual del drama.
El uso de una máscara neutral en el entrenamiento actoral, - al
menos en el mundo occidental -, se debe también a Copeau, quien las introdujo
dentro del proceso de formación y entrenamiento en su compañía, con el interés
de despertar la imaginación de los actores y de dirigir la atención hacia la
narración de una historia. Aunque inició ocultando rostros con capuchones y
telas, pronto se movió a una máscara neutra primitiva que más tarde derivaría
en máscaras con su distintivo.
Las enseñanzas de Copeau a través de sus estudiantes y miembros de
la compañía han llegado a influir en el teatro en todo el mundo. En ello se incluyen: Michael Saint-Denis, Antonin Artaud, Jerzy Grotowski, Marcel Marceaux;
además de algunos de los principales programas de teatro como el de la escuela
de teatro de Londres, la división del drama de Julliard, Yale, la escuela
Jacques Lecoq en Paris y la escuela
nacional de teatro de Canadá. Su legado continúa permeando todos los
niveles del teatro actual.
