Teniendo como antecedente
a la novela Pastoril, conserva elementos de este género en boga durante el
renacimiento en Italia. Pico de Mirandelo fué Uno de los escritores destacados
de esta novela basada en un lugar idílico y bucólico llamado La Arcadia,
en el que habitaban pastores, personajes representativos un estado de gracia,
absoluta pureza e inocencia quienes además interactuaban alrededor de pequeñas
intrigas amorosas.
Las primeras
pastorelas presentadas en México suceden durante el período de evangelización tomando
a los pastores como ejemplos de pureza, quienes avisados por una visión
angélica del nacimiento del Mesías deciden ir a conocerle y adorarle, objetivo
saboteado constantemente por asechanzas de Satanás, que se opone a que el Niño-Dios
reciba la adoración de la humanidad. La tesis es que si el niño no es adorado,
no será reconocido para cumplir con su cometido redentor. Tras muchas fatigas y
desencuentros los pastores lograrán su cometido: reconocen y adoran al niño, y
Satanás queda derrotado.
No obstante de su
función primordial edificadora, el público pronto adopta la pastorela incorporando
a textos originales, críticas sobre usos y costumbres de los pueblo, aprovechando
con ello la humanidad de los personajes que poco a poco se van transformando en
prototipos de determinadas miserias humanas. Bato se convierte en el prototipo de macho novo
hispano; Bartolo en la encarnación de la
pereza -“…Bartolo, despierta, vamos a ver la Gloria. Bartolo (despertando): Si
quiere la Gloria verme, que venga la Gloria a mi.”-; Selfa, en la pastora
coqueta; Gila, en una persona – hombre o mujer - bondadosa e inocente; y Mengo,
quien es representado como el “cornudo”. Existe además el agregado de un
personaje incorruptible en la figura de un anciano ermitaño que funge como la
conciencia colectiva, una especie de narrador o coro griego.
Así, los grupos
de pastorelas surgen en las vecindades, como tradición familiar, en gremios y
hasta por cómicos de la lengua en la misma calle, lejos ya de la pastorela
evangelizadora que se representa en los atrios y de la encorsetada pastorela
bucólica neoclásica presentada en teatros. Esta apropiación de la pastorela contribuye
en gran medida a la popularidad que le distingue al valerse de sus personajes
para lanzar todo tipo de críticas políticas y sociales, como al personaje de
Lucifer representando a alguna figura política en turno, haciendo con ello que
la pastorela asegurara su subsistencia duradera durante los siglos XIX y XX. Algunos
autores consideran que si la pastorela hubiese quedado para siempre como un
genero de catequesis no hubiera sobrevivido al siglo XVI y es a partir de fines
del siglo XVIII e inicios del XIX cuando la pastorela se consagra, a opinión de
algunos autores, como un género teatral, teniendo de exponentes Novo hispanos,
neoclásicos como Joaquín Fernández de Lizardi - el Periquillo Sarmiento -. No
todos los textos se encuentran documentados, sin embargo, la tradición oral ha
preservado diálogos y canciones de este género que ha logrado permanencia en el
tiempo tan particular como llena
transformaciones que lo convierten en
una tradición.





