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viernes, 3 de marzo de 2017

Samy Blanco: Arte y diseño



Diseño: Samy Blanco
La creciente frecuencia de actividades artísticas constituye uno de los factores primordiales que generan el despunte de creadores locales que buscan especializarse en su quehacer en el ámbito en que se desarrollan.  

Uno de estos ejemplos es Samuel Blanco. Oriundo de Cuauhtémoc, Chihuahua (1982), inició su aprendizaje de forma cotidiana en el taller en donde su madre elaboraba disfraces. Lo que más le atraía en ese entonces era “el poder crear algo… la combinación de texturas y colores”. Imaginar una pieza y pensar en el proceso creativo que lleva al resultado de esa creación fué lo que desperto su deseo de ser diseñador.

 Exploró diversas disiplinas como el dibujo, la pintura y escultura,  experiencia que recomienda, ya que lo llevó a ser un creador mucho más completo y versátil.




Samuel Blanco se define a sí mismo como un artista, admirador de los diseños que “más que hacer ropa, - crean - arte en cada una de sus piezas”. Sería en 2015 cuando decide inscribirse en el certamen Elle México Diseña, siendo uno de los seleccionados para audicionar en la región noroeste. Esta breve participación reforzaría su propia imagen como un diseñador con innovadoras propuestas.

Samy Blanco
Con el naranja como su color favorito además de una diversidad de materiales y texturas a elegir según la pieza a elaborar, continuará ejecutando piezas para certámenes de belleza, grabaciones y publicaciones diversas.  El portafolio de Blanco cuenta con imágenes de fotógrafos y modelos internacionales y varios de sus diseños han sido publicados en afamados medios, como la revista italiana Vogue, en su versión digital.

Sobre las circunstancias de carencia de apoyos hacia los artistas en formación por parte de las instituciones, considera que los tropiezos constituyen lecciones de las que se puede “aprender bien de ellas para que en verdad te sirvan para ascender” y aconseja a quienes desean dedicarse al arte el  “hacer las cosas con mucha pasión”.






martes, 19 de enero de 2016

Réquiem para José Pérez Delgado

                            Me hubiera gustado trabajar más tiempo con el profe Pepe. Tengo la impresión de que disfrutaba el arte por cuanto conocía de el. Desde muy joven se mudó a Chihuahua para continuar sus estudios, pero tuvo la decisión de dedicar su tiempo libre a tomar clases de danza con el maestro Sergio Franco. Fue este quien lo encaminó a hurgar en libros los períodos históricos del arte y plasmar sus investigaciones en bocetos que más tarde se convertirían en vestuarios para todo tipo de espectáculos, algunos de los cuales  llego a confeccionar el mismo cuidando cada detalle.  

Era un erudito. Sabía los pormenores de cada época histórica de los montajes en que participaba: colores, texturas, formas, estilos... por eso rasgo un vestido de arriba abajo, luego de que una actriz lo mandara arreglar para usarlo con un escote – a su ver - más favorecedor. Cosa interesante que el único reconocimiento que obtuvo esa obra fuese en vestuario, con un premio nacional.

Pero José Pérez no solo sabía de telas, colores y encajes, sus conocimientos no se limitaron a la danza, el teatro o las artes plásticas, aunque también obtuvo un premio nacional en dramaturgia. De forma constante leía y viajaba presenciando espectáculos de cada disciplina artística. Tal vez de ahí nació su amor por las artes, o quizá fue su espíritu investigador el que lo instó a aprender para luego derramar el conocimiento sobre las aulas a manos llenas. Creo que no volví a mirar un edificio igual después de su encargo, al finalizar una clase de historia del arte, de observar la arquitectura con más detalle. Y viendo la Quinta Gameros, me cuesta imaginar las condiciones adversas en que se encontrara antes de que Pérez solicitara delimitar el recinto para actividades culturales.

Influencia de muchos, un sinfín de creadores se abrieron horizontes por instancia del maestro. Con su partida deja el hueco profundo de una vida llena de memorias.  Tengo su recuerdo vívido cantando y componiendo letras de canciones para teatro en un dos por tres ante el asombro de los presentes. Solo hacía algunas preguntas concretas para determinar el tiempo, características e incluso el tono y tempo de su composición.  Me parece que nunca he visto a nadie crear una canción en tan solo un par de minutos y lanzarla al aire, con rima incluida.  Mi nombre es cacofónico: Pepe Pérez, pero así me llamo, ¿qué puedo hacer?–solía decir-.  Descanse en paz el maestro, amigo y mentor.